"París bien vale una mochila"

El viaje comenzó, y con él las aventuras de estos tres osados muchachines en tierras del viejo continente. La avanzada del selecto viaje encontró sus asientos en el avión que los llevaría a tan lejanas tierras, todo estaba listo... menos los operadores uruguayos que habían festejado con mucho alcohol el cumpleaños del Señor el día anterior. Con una hora de espera en la pista, y en consecuencia de atraso en la llegada, la combinación en Madrid se fue a la m... pero esto no desalentó a los jovenes. Luego de recorrer todo el moderno aeropuerto de Barajas lograron ser reubicados en el siguiente vuelo a su destino final. Finalmente, y ya listos para la acción, arribaron al aeropuerto Charles de Gaulle pero no así sus mochilas... pequeño detalle. Desorientados y desprovistos de sus elementales utensillos para la vida normal en los invernales parajes galos, acudieron a la oficina de "bagages perdu" de la terminal y con temperamental francés esgrimieron su manejo del lenguaje local, la respuesta: no la entendieron... Con ánimo desvariado, livianos de equipaje y algo desorientados por la perdida buscaron la forma de alejarse del aeropuerto para llegar a la tan citada ciudad de las luces. Después de fallar en la compra de unos pasajes ferroviarios y después de compartir vagón con un bandoneonísta borracho, una par de africanos y media división policíaca parisina que deportaba a un compañero de raza negra, arribaron a su hogar temporal en la coqueta Rue de Mercadet y se instalaron en sus prestados e inmejorables aposentos. Ya instalados se podría decir que solo quedaba comenzar a conocer esta localidad y darse cuenta que aquella tan cierta frase de Carlos IV, tranquilamente servía para esta ocasión: "París, bien vale una mochila."

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