Hoy amaneció lloviendo, perfecta excusa para estirar nuestro descanso hasta bien entrada la mañana. Sin noticias sobre nuestras "bagages", partimos rumbo a la Basílica de St. Denis en las afueras de París.
Encantador pueblito a pesar de ser una zona industrial, St. Denis alberga a la Basílica en la cual están enterrados varios reyes de los siglos XI al XVIII. Por afuera, realmente impresiona. Adentro, te cagás de frío. Después de pagar con descuento por ser estudiantes, accedimos a las criptas. La visita fue muy confusa. O no entendimos ni papa de lo que estabamos viendo, o estos reyes fueron enterrados más de una vez, o era todo una gran farsa. Carlo Magno estaba enterrado a uno y otro lado de la nave principal. María Antonieta estaba por todos lados y para colmo, al final resultó que estaban todos tirados en el mismo pozo. La próxima visita procuraremos contratar un guía en español.
Desde allí nos fuimos caminando directamente al Stade de France. Mítico estadio donde se jugó la final del Mundial del 98, donde los Pumas le ganaron a Francia en el debut, donde el Barça le ganó la Champions al Arsenal, y donde cantaron entre otros los Rolling Stones, U2 y Bruce Springsteen. Luego de una búsqueda sin éxito de un Mc Donald´s, desolados nos dispusimos a ingresar al estadio. Nos atendió una chica muy mona, y yo en perfecto francés le pedí: "Deux tickets s`il vouz plait, merci beaucoup".
Ya adentro del Stade nos recibió Alexandre, un simpático guía, pasado de merca según mi parecer. Pasamos por las tribunas y luego nos dirijimos a los vestuarios. Nos esperaba un Papa Noel con regalos para los pequeños. Algunos decían que era Eric Cantona que andaba necesitando guita. Yo me saqué una foto con él y me pareció bastante más petiso que Eric. Alex nos contó que curiosamente la selección de fútbol francesa usa el vestuario de visitantes. ¿Por qué? Resulta que en la final del 98 por fixture le tocó a Brasil ser local a pesar de jugarse en territorio galo. Les Bleus tuvieron que bancarse ir al de visitantes, pero luego de consagrarse campeones festejaron a lo loco en su vestuario y se lo quedaron por cábala.
Después entramos al campo de juego formados en 2 equipos de 17 jugadores cada uno, con música emotiva de fondo y con el Stade de France entero para nosotros con todos los reflectores prendidos. Nos sacamos una foto con Nico en el arco donde Henry cagó a los irlandeses, el mismo en el que Zizou le clavó 2 a Brasil.
Finalmente nos fuimos rumbo al Barrio Latino y me quedé pensando: "¡ Qué buen museo el Stade de France!" Ya me había olvidado de todos los Luises y Carlos muertos hace cientos de años.
¿Eric Cantona?

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