El Palacete de los Luises y más

Hoy madrugamos como a las 10 am, me pegué una linda ducha y nos dispusimos a partir al Chateau de Versailles. Hermoso palacete en las afueras de la ciudad, que supo ser residencia de Luis IX y sus secuaces. Fuimos en el RER de doble piso, me dormí alta siesta con el sol en el medio de la cara y en 35 minutos llegamos a la estación. 793 metros de lindas calles nos separaban de la entrada.
Caminamos bajo el sol radiante pero con un frío tremendo aunque soportable. Al llegar, una imponente construcción, con oro por todos lados (para mí era tempera dorada), unos jardines de la ostia (con o sin h??) y una cola de varios kilómetros para achetear el ticket. Nosotros, jóvenes intrépidos pero sumamente precavidos, teníamos el museum pass que nos evitó tal espera. La guardia nos secuestró la comida, buscamos nuestras audioguides y comenzamos el recorrido.
Una linda chapel, muchos cuartos con mucha decoración pero poco amor y Luises por doquier. Nico tratando de instruirme un poco en la historia francesa y yo que me sentaba en cual banco encontraba y me hacía el interesado en lo que tenía en frente así podía descansar. Luego fuimos a los jardines, enormes, muy bien cuidados, majestuosos. Las gaviotas caminaban cual San Pedro por la superficie del agua, hasta que nos dimos cuenta que en realidad el agua estaba congelada y por eso las fuentes lamentablemente apagadas.
De ahí, directo a Les Invalides. Previo almuerzo en el tren, yo omití el panini por su exceso de mayonesa, llegamos al Museo de la Armada. Soberbio. Ayer lo habíamos degustado viendo la tumba del gran petiso Napoleón. Hoy nos metimos de lleno en las dos guerras mundiales, donde Nico nuevamente hizo valer su conocimiento y yo mi ignorancia. Aquellas clases de historia en el colegio las veía muy lejanas. De los museos, según mi parecer el más divertido. Armas por todos lados, uniformes, tanques, pistolas y videos interactivos. Después de vivir cual Super Bowl el ataque germano y el contraataque francés en una maqueta con video, pasamos a la sala de la edad media. Más pistolas, esta vez también muchas espadas y yo que me sentía en Rescatando al Soldado Ryan y Corazón Valiente a la vez.
Para finalizar el largo día, agrandamos el combo por 50 centavos y nos fuimos al Arco del Triunfo. Esta vez, nos esperaba la terraza. Después de subir 284 putos escalones (con tres recreos en el medio) llegamos a lo más alto del Arco. Imponente. Genial. Creo yo, la mejor vista de París. La perfecta simetría de los Champs Elysées, la Concorde y el Louvre; Notre Dame a lo lejos, Sacre Coeur elevada más cerca del cielo, lejos pero perfectamente visible La Défense, y allí sonriente y distinta: La Tour Eiffel.
Magnánimo día que fue coronado con unas estupendas salchichas ahumadas con arroz, acompañados de la mejor coca congelada de mi vida.
Últimos días en París, primeros días de este inolvidable viaje. Londres nos espera ansiosa por recibirnos. Uno ya extraña, pero sabe que estos días quedarán para siempre.

3 comentarios:

Unknown dijo...

ay tomi extrañas!!!! pobrecito!!!.....trolooooo

Unknown dijo...

flaco ponete leer algo...21 años de educacion para que pienses que la torre eiffel es un para rayos...

Unknown dijo...

perdon, me olvidaba de destacar una cosa..."exceso de mayonesa"...de donde saliste maricon!!!??
y no puedo creer que no fueron a los dominios de Maria Antonieta en Versalles!!! es lo mas lindo del palacio!!!!
buen..suficiente por hoy, ya te comenté suficiente! buen viaje..suerte en londres! que placer!!! beso gigante

PD: solo para que lo notes..soy tu unico fliar que te comenta tus post...espero que se vea reflejado en la calidad del regalo que traigas.