Finalmente, luego de una larga y agónica semana sin tener noticias de su paradero, hoy por la noche llegaron las mochilas a casa. Luego de esperarlas todo el día, privándonos de recorrer la ciudad pero ansiosios por recuperar nuestras cosas, a las 20:42 hs recibimos un llamado de nuestros queridos vecinos, los Moreau, con la feliz noticia. Bajamos los cinco pisos y ahí estaban, emocionadas por volver con sus dueños.
No les puedo explicar la alegría de Nico y mía al entrar a la casa y poder abrir finalmente las mochilas. El primer pensamiento que tuvimos los dos luego de sobrevivir 7 días con una muda de ropa fue: "La cantidad de ropa al pedo que trajimos". Fue una semana desgastante en la cual nos rehusabamos a perder la esperanza de extraviar para siempre la ropa que tanto queríamos. Yo tenía casi todo mi ropero, recientes regalos, y ropa muy fachera que no quería sacrificar. Gracias a Dios y a los rezos de nuestros seguidores, la historia terminó bien. Ahora falta que llegue la mochila de Capocha.
Hoy comimos ravioles en un intento de equilibrar un poco nuestra dieta. Fueron los mejores ravioles de mi vida, mi mochila comió dos platos.

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